Quintillo

 

QUINTILLO, el principal acto del Carlismo andaluz.

El acto de Quintillo es quizás, por su trascendencia histórica, el más importante de cuantos los carlistas celebran en Andalucía. En el año 1934, y bajo la dirección brillante de Don Manuel Fal Conde, la  Comunión Tradicionalista demostró que aún tenía mucho que decir en las tierras andaluzas.  Aquel acto, en el que España entera se sorprendió de la capacidad organizativa del Carlismo andaluz, marcó un hito que marcaría los acontecimientos posteriores.

En memoria y evocación de aquel trascendental acto, y en afirmación de nuestros ideales tradicionalistas, los carlistas andaluces continúan reuniéndose cada año en el acto de Quintillo, organizado por la CTC de Sevilla. En este apartado pretendemos dar unas pinceladas de lo que fue el Quintillo de 1934, así como dar cuenta de la celebración de los distintos actos de Quintillo a lo largo del tiempo.

 


Arriba, convocatoria del acto de Quintillo en el año 1959, en el XXV aniversario del Quintillo del 34

 


Periódico “Quintillo”, publicado con motivo del acto del año 1978

 

Anuncio en prensa del acto de Quintillo de 2009, en el 75 aniversario del primer Quintillo.

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El QUINTILLO de 1934 (evocación)

Hace setenta y seis años, bajo el cielo azul y diáfano de Andalucía, en el amplio espacio de la dehesa, bajo los ardores del sol de primavera, en el campo, entre verdores de praderas y trigales amarillentos, florecieron como amapolas las boinas rojas. Fué la primera concentración de requetés uniformados y en formación militar que hubo en España. Y fué, al mismo tiempo, la mayor sorpresa que, ante propios y extraños, dió el carlismo andaluz en aquel 15 de abril de 1934, que seguía a un dia oficial, gris y desvaído, en que se acababa de conmemorar, por los triunfadores, el tercer aniversario e la II República, fiesta que las masas habían abandonado al protocolismo oficial.

La jornada del Quintillo, brillante y gloriosa, era promesa de días espléndidos para la Comunión Tradicionalista Carlista; promesa que no quedó defraudada. Si en el Quintillo una muchacha sana de ideas, alegre y juguetona, había evolucionado, a las órdenes de sus jefes, en un supuesto táctico y desfilado, disciplinada y marcial, ante el representante de los veteranos de la Causa -el General Díez de la Cortina, superviviente glorioso de los heroicos ejércitos de Carlos VII-, no tardó el día tan ansiado siempre por los verdaderos carlistas, en que en el campo de batalla, ante los ejércitos de la República, maniobraran con objetivos reales, bajo la metralla enemiga, y lucharan y vencieran, y luego desfilaran triunfadores en las ciudades conquistadas con su heroísmo y con su sangre.

¡El Quintillo! ¡1934! ¡Nombre evocador de nostalgia y recuerdo! ¡Fecha que señala un hito en la historia de más que secular del carlismo! ¡Cuántos de aquellos que desfilaron en el Quintillo, vertieron luego su sangre generosa o perdieron sus vidas frente a los anti-España de los ejércitos de la II República, de las brigadas internacionales o de las miliciadas rojas! ¡Nostalgia de una juventud entusiasta y batalladora! ¡Recuerdo de un tiempo de inquietudes y de zozobras, pero también de esperanza y de fe!

No importa que los azares de la vida hayan podido amortiguar el fuego de unos pocos, y que otros hayan podido abandonar el sendero del honor y la consecuencia. El carlismo sigue; los huecos que abren los años que pasan, pechos ansiosos los llenan con el mismo afán de lucha por los ideales, con el estímulo de emular las gestas de sus mayores. Es la muchacha que se renueva, y así como generación sucede a generación en la vida de la humanidad, así una juventud sigue a otra juventud en el constante suceder del carlismo, pletórica de ideales, rica en generosidades y ansiosa siempre de sacrificio.

Desde aquel 15 de abril de 1934 cuántos acontecimientos han trastornado la historia del mundo: se han sucedido regímenes; se han hundido imperios que se manifestaban arrogantes y desafiadores; han desaparecido doctrinas y escuelas políticas que en un entonces parecían avasallar al mundo entero; pasaron naciones y otras surgieron. Hubo guerras catastróficas, matanzas inauditas; se crearon doctrinas jurídicas, y palidecieron otras. Solo, inmutable en sus principios, permanece el carlismo, porque asentado sobre la verdad política, tiene su arraigo en las entrañas de la Patria española, que es la verdad histórica.

El carlismo es inmutable, porque sus Reyes no son hombres, sino dinastías, y éstas no mueren con aquellos; es inmutable porque mientras no ocurra una catástrofe cósmica, España será eterna. El carlismo es inmutable, porque no depende de favores ni de honores, de satisfacciones ni de beneficios, sino que, al contrario, tiene como herencia el sacrificio, la abnegación y se templa en la persecución. El carlismo es inmutable, porque los requetés de ayer fueron los continuadores de los voluntarios de Zumalacarregui y de Miguel Gómez, de los soldados de Carlos VII. El carlismo es inmutable, en fin, porque está en el alma de España.

Aquellos requetés del Quintillo del 15 de abril de 1934, fueron los precursores de los Tercios de Andalucía en la Cruzada española. Tercios gloriosos y admirables que recibieron con el tiempo el sabor de las cosas legendarias: Tercio de la Virgen de los Reyes, bajo la advocación que dió a la ciudad redimida el Rey Santo; Tercio de la Virgen del Rocío, a cuya ermita acuden para saludar a la Blanca Paloma de todas las partes de Andalucía en piadoso andar de caravanas; Tercio de la Merced, que aunque radicando en Jerez, recoge todo el sentir y calor de la generosa tierra gaditana; Tercio de San Rafael, que expresa la fe ye el agradecimiento por los favores que, en día de peste, derramara sobre la antigua capital del Califato el Arcángel, que fué guía de peregrinos; Tercio de Isabel la Católica, que evoca el recuerdo de la gran Reina que conquistó el último baluarte de la morisma en España; Tercio de Nuestra Señora de la Victoria, patrona de las ricas comarcas malagueñas. Todos estos Tercios, y aquellos que no surgieron en Jaén y Almería, porque aunque la ola roja sumergió las provincias, también tuvieron sus requetés mártires en las cárceles y en los campos de trabajo, y sus víctimas en las mazmorras o en el solitario paseo.

Hemos de fijar nuestros ojos en aquel Quintillo de 1934 para decir hoy, como ayer: Andalucía tiene su solera carlista; su suelo se empapó de la sangre generosa de sus requetés, y sus entrañas guardan los huesos de aquellos que, olvidados por el mundo, no son anónimos ante Dios.

 
 
 
 
 
 
 
 
 

El General Díez de la Cortina, junto al Comandante Redondo, pasando revista al Requeté de Sevilla en el Quintillo de 1934, acompañados del Capitán de Requetés D. Enrique Barrau

 

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El hecho histórico del Quintillo

El valor histórico del Quintillo estriba en el hecho de que no fué una concentración más de las tan corrientes en la segunda República, ni que esta concentración se efectuara en Andalucía, a las puertas de Sevilla, emporio de los rojos. Se habían celebrado grandes manifestaciones de masas hasta con carácter derechista, como las famosas de la Ceda y la de las juventudes de Acción Popular en El Escorial, o manifestaciones monárquicas en que había vibrado la palabra potente de Calvo Sotelo. Mas todas ellas eran siempre momentáneas, poruqe en las primeras el motor que las impulsaba era el deseo del acomodamiento por el menor esfuerzo, y en las otras, de un monarquismo dinástico pronunciado, faltaba el calor de las masas populares que sólo les podía dar el carlismo.
Pero en el Quintillo ocurre algo muy distinto. Es el despertar del Tradicionalismo, que se muestra enteramente con la incorporación de Andalucía a la España Tradicionalista. Y esto ocurre por haberse hecho una labor continuada y persistente, bajo la dirección del jefe regional, don Manuel Fal Conde, soportada por la labor de un periódico semanal, “El Observador”, y popularizada por la pluma batalladora de don Domingo Tejera desde las columnas de “La Unión”. Y es también porque en las juventudes tradicionalistas hay espíritu de combate que no se arredra cuando tiene que enfrentarse con anarquistas, socialistas y comunistas, y, lo que todavía es más dificil, con las autoridades republicanas. Es el Requeté, que se manifiesta en el Quintillo, el que había salido a la calle el 10 de agosto de 1932. Es el Requeté que, incipiente todavía, recorre los pueblos andaluces, expandiendo sus entusiasmos y sus ideales…Esto es lo que recoge el acto del Quintillo.
Los acontecimientos que después del Quintillo se destacan en Andalucía, conducen directamente al glorioso 18 de Julio de 1936. Cuando se conjuga con un pueblo sano, no emponzoñado por las politiquerías partidistas del adhesionismo u oprtunismo, con el glorioso Ejército español vibrante de patriotismo; cuando se encuentran con el mismo ardor para combatir la República antiespañola, el 18 de Julio, el glorioso Alzamiento Nacional, es una realidad ineludible si no se quiere morir.
 
 Fue una rectificación histórica de unos siglos de desespañolización. Esta aspiración rectificadora, con más o menos fortuna, se manifiesta en la Península el 18 de Julio de 1936. Los requetés, aquellos requetés que han recibido su bandera de combate y la han jurado en el Quintillo, señalan la ruta de una Andalucía que ha dejado de ser país de pandereta, para ser región de héroes. Y los requetés combaten en aquel movimiento todo el liberalismo corruptor, sea en su forma democrática, representada por la República de1931, sea en su forma monárquica, cuyo exponente es la dinastía que cayó el 14 de abril.

Contra una u otra forma, y contra una y otra representación, lucharón los requetés, los del Quintillo y sus sucesores, hasta ofrendar sus vidas y emular con sus hazañas a los hombres que todo un siglo enarbolaron con honor la bandera del lema sacrosanto de Dios, Patria y Rey
    

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 Lo que publicó la prensa sevillana

 

LA UNIÓN
Diario católico tradicionalista
(16 de abril de 1934)

La jira campestre

A las once de la mañana apenas quedaban excursionistas por trasladar al lugar donde había de celebrarse la solemne entrega de la bandera a los requetés, y a la fiesta taurina y almuerzo.

En camiones (muchos impacientes jóvenes a pie), y los del requeté en autos particulares, todos fueron transportados al lugar señalado para el acto.

El reporter, amablemente invitado por el admirado director del “Diario Católico” de Jaén, señor Ureña, ocupó un asiento en su coche.

El Quintillo. Emocionante acto de la entrega de la Bandera al Requeté

Cuando llegamos a Quintillo -cuya finca había sido cedida muy galantemente por sus dueños para festejar a los jóvenes tradicionalistas con motivo de la entrega con motivo de la entrega de la bandera a su Requeté-, presentaba un aspecto deslumbrador. Imposible reflejar en su exacta justeza el grado de emoción que embargaba a los presentes, todos simpatizantes y fervorosos amantes de la cuasa de la Tradición, en un día tan luminoso, congregados en franca camaradería ricos y pobres, figuras destacadas de la Comunión, generales, diputados, viejos senadores, recibiendo el saludo de la juventud tradicionalista sevillana.

La señorita Pilar Campo Rey con el banderín del Requeté de Sevilla, en representación de la madrina señora Baronesa de Sangarren, y a su izquierda el general Díez de la Cortina.

 

La fiesta deportiva resultó agradabilísima para cuantos tuvieron la dicha de presenciarla. Incansables los requetés por demostrar sus aptitudes y disciplinados en su actuación, causando la admiración de propios y extraños.

Estaban representados en la fiesta los requetés de Huelva, Cádiz, Jerez, Sanlucar la Mayor, Puerto de Santa María, Orihuela, Murcia, Córdoba, Jaén y el de Madrid, que también envió una nutridísima representación de jóvenes.

La entrega de la Bandera. Un momento de gran emoción. La presencia del General Díez de la Cortina, es acogida por los requetés con un respetuoso saludo.

Al llegar cerca de donde evolucionaban los requetés el general del ejército carlista, señor Díez de la Cortina, los requetés hicieron un alto en sus ejercicios deportivos y saludaron, como cumplía su elevada categoría en la Comunión Tradicionalista, al anciano general.

Seguidamente, el padre Pereda bendijo la bandera que en sus manos mostraba orgullosa la señorita Pilar Campo Rey, madrina en el solemne acto del Requeté sevillano, en representación de la serenísima Baronesa de Sangarren; y mientras tocaba la banda del Requeté el Himno de Oriamendi, admirablemente ejecutado por los jóvenes profesores, dio lectura a unas cuartillas que dicen así:

“¡Boinas Rojas! Es piadosa costumbre en España la bendición de las banderas de los ejércitos antes de entrar en la batalla, desde que en el siglo xv mandó bendecirlas por primera vez el católico Rey de Castilla don Juan II.

Si toda bandera es como el retrato de la madre, la bandera bendecida es, además, atributo de la religión.

Esta que os entrego, en nombre de la ilustrísima señora Baronesa de Sangarren, que imposibilitada de venir, me ha honrado con su representación, lleva el sacrosanto signo de la Redención. Esta es la cruz que Iñigo Arista, el primer Rey católico de la Reconquista, vió refulgente en el cielo antes de un combate con la morisma, y alumbrado con sus resplandores peleó bravamente y triunfó.

Os entrego, por tanto, un símbolo de la Patria, bendecido por nuestra religión y que lleva en su más excelente lugar el signo augusto de la Cruz.

Pero mirad como la Cruz no se os presenta sola, sino que está rodeada de las tres flechas que la sostienen y la defienden. Son las flechas anagrama de don Fernando el Católico, y que representan: la primera, la unidad religiosa; la segunda la unidad nacional, y la tercera, la unidad de mando; o sea, la Monarquía , porque en España no se concibe la Cruz como no esté sostenida por el brazo fuerte de los Reyes que supieron poner su poder al servicio de Dios y su corazón al amor de sus súbditos.

No creais que en España puede sustentarse la Cruz Redentora de Jesucristo sobre las falsedades de las democracias republicanas. Cruz y flechas, que es como decir “Rey para Dios”.

En el anverso se os presenta el escudo de Sevilla, en el que tan hermosamente se hermanan la religión, representada por nuestros ilustres Prelados San Leandro y San Isidoro, y la monarquía representada por el Rey Santo. Pero también se hermanan estas dos representaciones con la lealtad de Sevilla a su legítimo Rey.

Veíase el Rey Alfonso X dejado de casi toda España, que se había puesto de parte del hijo rebelado, y sólo en Sevilla encontró los caballeros fieles y esforzados que defendieron sus derechos, que poco después él mandó respetar y acatar.

Emprended, boinas rojas sevillanos, la campaña de Sevilla leal a los Reyes de España, para bien de la Patria y gloria de Dios; la campaña de la restauración de la Monárquía católica.

Salga de aquí, guiado por esta enseña, el movimiento restaurador, para que mientras tantos niegan sus juramentos y se acomodan a los poderes tiránicos, el Requeté sevillano perpetúe para Sevilla su gloriosa divisa, y de ella siempre pueda decir el Rey el no me han dejado.”

Una atronadora ovación subrayó las últimas frases de la exquisita alocución, admirablemente expresada por la señorita de Campo Rey. La banda del Requeté apretó una vez más sus compases con el himno de las boinas rojas.

Presentación del Banderín a los requetés sevillanos equipados con uniforme de campaña.

 

La contestación del Jefe de las fuerzas del Requeté

El jefe instructor de las fuerzas del requeté, contestó a la alocución de su madrina con el siguiente y respetuoso discurso:

“Hemos entendido, ilustre madrina de este Requeté, todo el significado de este bendito símbolo que nos habeis entregado, y medimos toda la responsabilidad que sobre nosotros habéis cargado al hacernos depositarios del mismo.

Sabemos, por tanto, que el acto de recibirlo envuelve toda la fuerza de un sagrado juramento, que prestamos ante Dios, mirando a la Patria y, como caballeros, poniéndolo en las manos de una ilustre madrina, representada aquí dignísimamente por una distinguida señorita, tan fervorosamente tradicionalista.

Es el juramento de fidelidad al rey, como instrumento adecuado para los designios del sagrado Corazón en España, como el único medio para salvar esa sociedad que se desmorona, como el único sostén eficaz de la Patria más gloriosa del mundo.

Esta Cruz triunfó en nuestras guerras, porque fueron nuestras guerras, como fué orientada toda nuestra historia, para la Gloria de Dios; y esa Cruz será la que triunfará en España, porque esta Comunión santa de los buenos españoles sólo quiere restaurar la Monarquía para servir a Dios, convencida como está, por la experiencia de un siglo, de que toda la democracia y todo el mecanismo liberal sólo puede sewrvir para lo que es medio: para perder a las almas con sus libertades y poner a los poderes públicos en frente de Dios.

Queden tranquilas nuestras ilustres madrina y su distinguida representante, que con nuestra gratitud reciben nuestra promesa más firme de que antes morir que servir a instituciones políticas liberales, enemigas de España y de Jesucristo; antes morir, con la honra, con que supieron morir tantos héroes de nuestras guerras. Nos juntamos en estas filas, prontos a acudir a la lucha cuando el momento llegue, para que delante de todos los estandartes leales vaya como el más leal y más fiel, este bendito guión de la victoria.

Morir no importa si esa Cruz, con los resplandores milagrosos que un Rey español viera en el cielo, alumbre nuestro aliento, que será con el nombre santo de Jesús, el nombre bendito de la Patria española.”

La entrega

La magnífica bandera que sobre raso blanco bordaron distinguidas señoritas de Guipúzcoa, fué puesta en manos del abanderado del Requeté sevillano. El momento resultó solemnísimo. Los requetés recibieron con la emoción que el caso requería la preciada enseña.

Recibido el Banderín por el Requeté, el Jefe Regional del Requeté de Andalucía Occidental, Comandante don Luis Redondo, contesta al discurso de la madrina.

Momento de entrega del Banderín al Requeté de Sevilla

Recibido el Banderín por el Requeté, el Jefe Regional del Requeté de Andalucía Occidental, Comandante don Luis Redondo, contesta al discurso de la madrina.

 

El entusiasmo de la comisión madrileña.

Tuvimos ocasión de hablar con uno de los representantes de la Juventud Tradicionalista madrileña, llegados a Sevilla para asistir al acto. El joven Amezúa nos dice:

-Esto es algo maravilloso. Sevilla es la cuna del Requeté español, pues si en el Norte ya existe arraigado como algo consustancial con las costumbres de nuestra Comunión, en el resto de España esta manifestación de los requetés sevillanos es toda una revelación. ¡Si en Madrid los vieran! Ya nos encargaremos de decirles a todos los compañeros de Madrid la emoción que en este momento inolvidable nos ha producido y la pujanza del Requeté sevillano.

-¿…?

-Una media centena formamos la representación madrileña. Entre ellos, el presidente de la Juventud, González de Gregorio; Lucendo, Rodríguez (deportado que fué a Villa Cisneros); F. Pérez (hijo); Cobián… y muchos de nuestros más destacados militantes jóvenes.

-¿…?

-Es maravillosa la resistencia de los requetés de Sevilla. Con la alta temperatura que acompañó a estos actos y los ejercicios de estos muchachos, parece que podían quedar rendidos, y ya los ve: todo lo contrario. Ahora mismo se ocupan en colocar las mesas y servir el almuerzo, como si su obligación fuera el agotar sus energías en obsequio de sus hermanos de otras provincias y de los invitados. Claro que el elogio más sincero podía dedicarse (si no hiriésemos su modestia) al incansable jefe de la Comunión del sur de España y África, don Manuel Fal, que ha sabido forjar diputados requetés y propagandistas de nuestra Causa, y que es uno de los más destacados jefes que registra la Historia del Tradicionalismo Español.

Formaban el Requeté de Sevilla 300, y los grupos de otros Requetés representados, cerca de 350.

La Banda

Bajo la dirección del experto don Hilario peral, la banda del Requeté, compuesta de 25 músicos y de ocho cornetas y tambores, dirigidos por el “Tubero”, se acreditó de organizada y capacitada.

Uniformados igual que el Requeté, y desfilando gallardamente, como durante el almuerzo tocando escogidas composiciones, mereció varias ovaciones.

El almuerzo

Ante todo fué bendecida la mesa. Fué sobrio, pero sustancioso y bien condimentado. Una comida campera, adecuada al ambiente y a la ocasión. Presidía la mesa la señorita de Campo Rey, con los diputados señores Martínez de Pinillos, Zamanillo, don Luis de Arellano, don Jesús Comín, don José María Lamamié, don Ginés Martínez, don Domingo Tejera, y el senador y vocal del Tribunal de Garantías, don Victor Pradera. También se sentaron el jefe de la Comunión andaluza, señor Fal, y el presbítero, señor Pereda.

Durante el almuerzo, la banda del Requeté no cesó de interpretar escogidas composiciones.

A más de un millar de comensales sirvieron los cocineros tradicionalistas, pues el Requeté se encargó de todo lo concerniente al menú y a su distribución.

Comida campera en el Cortijo de Quintillo

El festejo taurino

Dos becerras se encerraron; una de la ganadería de don Esteban González, donada por el entusiasta tradicionalista don Antonio Jones, hijo político del acreditado ganadero. Mucho se distinguió toreando el joven Angel Prados.

Merece capítulo aparte la labor del joven requeté Campos, “Campitos”, que no cesó de recibir ovaciones por su exquisita manera de torear con el capote y la muleta.

De auxiliares estuvieron bregando toda la tarde los profesionales “Isla” y don Angel Monasterio, novillero pundonoroso.

Los requetés “lidiando” una de las becerras

 

Una rifa original

Durante la lidia de las becerras se celebró una rifa que, por su originalidad, mereció el regocijo de cuantos la presenciaron. se rifaron “mil pesetas” y a “duro la tirada”, contribuyendo los más pudientes y entusiastas de la Comunión Tradicionalista.

Fueron agraciados con primero, segundo tercero y cuarto premios, entre otros lo señores Lamamié, Pradera, Zamanillo, Martínez de Pinillos, Alvear, Fal Conde, García Porres, Checa, Matute, Conde de la Cortina, García Verde…y otros muchos. (El primer premio era de 250 pesetas y los restantes en progresión descendiente hasta 25, que era el cuarto).

La originalidad de la rifa estribaba en que los “agraciados” eran reconocidos como tales por la concurrencia, pero se veían obligados por su “agradecimiento” a cotizar una cantidad equivalente al premio para los fondos del Socorro Blanco.

Hubo las escenas humorísticas que es de suponer, y se aplaudió el humor de los jóvenes organizadores de la original rifa.

Las papeletas no tenían número, porque de antemano estaban adjudicados los premios.

El Desfile

A las cuatro de la tarde -y como el tiempo apremiaba para la asistencia al mitin en el local social- se organizó el desfile de la nutridísima concurrencia. Pasaron del millar los que asistieron a la reunión en Quintillo. Con el orden y entusiasmo que se había penetrado en la finca del señor Anastasio Martín, que con su acostumbrada hospitalidad atendió a todos.

Una de las avionetas evolucionando sobre los requetés al iniciar el desfile

 

Un elogio a los simpáticos Pelayos

Merece capítulo aparte la nutridísima representación de los pelayos -vivero de futuros requetés-, que se sumaron al trabajo y sacrificio de sus hermanos mayores, dando al acto una faceta de prometedora savia tradicionalista.

 

EL CORREO DE ANDALUCÍA
Diario católico
(16 de abril de 1934)

Una jira en el Quintillo

A las once de la mañana se celebró en el cortijo Quintillo una gran jira campestre, para hacer entrega de un banderín al Requeté de Sevilla. El campo presentaba un brillante aspecto por la gran cantidad de personas que había, confundidos todos, ricos y pobres, y los viejos, senadores y diputados del partido, veteranos de la última guerra carlista, y las personalidades más sobresalientes de la Comunión Tradicionalista, con el jefe regional de Andalucía, don Manuel Fal Conde.

Los requetés, con sus boinas rojas hicieron una evolución, mostrando una admirable disciplina, y desfilaron a los acordes de la marcha de Oriamendi por delante del antiguo general carlista, don José Díez de la Cortina, que asistía al acto emocionado.

Entrega de la Bandera

Después, formados correctamente, los requetés recibieron la bandera que les regalan las margaritas de Sevilla, artísticamente bordados los emblemas de la Tradición. Fué madrina la señorita Pilar Campo Rey, y, después de bendecida la enseña, se la entregó, dirigiéndoles unas palabras vibrantes, recordando que desde los tiempos de Juan II de Castilla había la costumbre de bendecir las banderas antes de entrar en combate. Dijo que, en representación de la Baronesa de sangarren, les entregaba la bandera, que tenía al reverso el escudo de Alfonso X a Sevilla.

La madrina fué ovacionada, mientras la banda del Requeté ejecutaba una marcha entre atronadores aplausos.

El jefe de los requetés de Sevilla contestó dando las gracias por la entrega de la bandera, y dijo que la defenderían todos con entusiasmo y ardor.

Después se sirvió el almuerzo en medio de gran entusiasmo, presidiendo las autoridades y diputados del Partido.

Drespués se celebró una fiesta taurina, en la que muchos jóvenes torearon unas vaquillas, sobresaliendo algunos que daban buenos pases.

A las cinco de la tarde se inició el desfile, para asistir a la bendición e inauguración del Centro.

La presidencia del acto inaugural del Centro Tradicionalista de Sevilla, el día 15 de abril de 1934, después del acto de Quintillo.

 

ABC de Sevilla
Diario alfonsino, monárquico liberal.
(17 de abril de 1934)

 

Con motivo de inaugurar el local nuevamente adquirido por la Comunión Tradicionalista de Sevilla, tuvieron lugar en el día del domingo diversos actos, todos los cuales se vieron brillantemente realizados

Por la mañana, y después de una misa de comunión, se trasladaron numerosísismos afiliados al cortijo del Quintillo, donde tuvo lugar primeramente una fiesta deportiva que resultó agradabilísima, y en la que intervinieron representaciones de los Requetés de Cádiz, Huelva, Jerez, Sanlúcar la Mayor, Puerto de Santa María, Orihuela, Murcia, Córdoba y Madrid.

Terminados los indicados ejercicios, se procedió a hacer entrega de un banderín al Requeté sevillano, siendo madrina del mismo la señorita Pilar Campo Rey, en representación de la Baronesa de Sangarren. La banda del Requeté interpretó el Himno de Oriamendi, y la masrina de la bandera leyó unas vibrantes cuartillas, a las que contestó con un sentido discurso el jefe de las fuerzas del Requeté al hacerse cargo de la enseña.

El momento resultó de una solemnidad extraordinaria.

Almuerzo, festejo taurino, rifa y desfile.

Terminado el acto enterior, tuvo lugar una comida al estilo campero, durante la cual la banda del Requeté interpretó diversas piezas musicales, y después se celebró un festival taurino, lidiándose dos becerras de don Esteban González. Durante la celebración de éste se rifaron mil pesetas, a duro el número, pero distribuidas en premios de distinta cuantía y con la condición de que los agraciados tenían que cotizar para el Socorro Blanco cantidad igual a la lograda por el sorteo. Excusado es decir que la originalidad de la rifa dio lugar a graciosísimos comentarios.

A las cuatro de la tarde se inició el desfile con el orden y entusiasmo que en todo momento animó a los numerosísimos concurrentes.

 


EL LIBERAL
de Sevilla, diario republicano.
(16 de abril de 1934)

Con motivo de la inauguración y consagración de los nuevos locales, los tradicionalistas celebraron ayer diversos actos, que culminaron en un mitin. Por la mañana, los diputados invitados y requetés asistieron a la entrega de una bandera en el cortijo Quintillo, del término de Dos Hermanas.

Después de los discursos de la madrina, del diputado señor Lamamié de Clairac y del general Díez de la Cortina, los boinas rojas uniformados desfilaron ante los jefes.

Más tarde tuvo lugar un festival taurino en el que participaron las juventudes, y un almuerzo campestre.

         

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 Ecos del Quintillo de 1934

 
Don José Díez de la Cortina, Conde de Cortina de la Mancha, General de Brigada de los Reales Ejércitos, ex-Jefe Regional Jaimista de Andalucía.

“El día más feliz de mi vida”

Regreso a Sevilla, donde he pasado, el domingo 15, el más feliz día de mi vida.

Aquí, en Madrid, en el afán de mis diarias ocupaciones -homenaje a Mella y asistencia a enfermos- habían transcurrido los días precedentes, sin darme cuenta de los proyectados actos de Sevilla; pero aún cuando de ellos tuviera somera noticia, no me hice cargo de apreciarlos, habituado al conocimiento de la falta de ambiente de nuestros ideales en mi tierra, de la que he sido por más de siete años jefe regional. Una amable invitación del que lo es en la actualidad, don Manuel Fal Conde, en la noche del 13, nos trajo a la realidad, y en el avión del sábado 14 partía para Sevilla en la agradable compañía de nuestros diputados Arellano, Zamanillo y Toledo, y el director de la revista de Santander, “Tradición”, Ignacio Romero Raizábal.

Acepté la invitación de Fal Conde por ser suya, pero en la creencia de que se trataba tan sólo de la inauguración de un pequeño Círculo y de una jira al campo, y porque germinó en mi cerebro la idea de aprovecharma de esta oportunidad para dar un toque de atención a mis amigos de Sevilla sobre el confusionismo reinante sobre tantas cosas para nosotros esenciales; táctica lastimosa, tan contraria al verdadero Tradicionalismo de los carlistas de antaño, tan opuesta igualmente a la conducta y modo de ser de nuestro Augusto Caudillo, como puedo probar cuando se presenta la ocasión para ello.

Vime, sin embargo, agradabilísimamente sorprendido la mañana del 15 en la iglesia del Salvador por el gran número de tradicionalistas de ambos sexos que se acercaron a la Sagrada Mesa, empezando entonces mi asombro por lo que tan lejos estaba de creer; y momentos más tarde este asombro que iba en aumento, llega a cualminar en lo portentoso al llegar al cortijo Quintillo y presenciar el cuadro desarrollado ante mi vista: los requetés sevillanos, en número de 650, perfectamente uniformados los más, todos con boina roja, formados en actitud de firmes, precedidos por bandas de cornetas y de tambores y charanga de 28 músicos tocando la marcha de Oriamendi, y sobre ellos evolucionando dos avionetas nuestras.

Tuve la fortuna de pasarle revista, encantado y emocionado de aquello tan inesperado, que en la confusión de mis pensamientos veía el resurgimiento de aquellos ideales de mis paisanos de 1873, que se habían difumado en los de la última Guerra Civil, y me formé la idea de que este resurgimiento sevillano ha de servir de ejemplo y motor en las demás regiones: ¡Sevilla por Don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este, precursor de la España Tradicionalista!

Acto seguido procedióse a la entrega de la bandera por mi sobrina , la señorita Pilar Medina Benjumea, hija de los condes de Campo Rey, en representación de la madrina, la señora Baronesa de Sangarren, leyendo aquella con voz y entonación admirables hermosas cuartillas, que fueron contestadas por el comandante jefe del Requeté, aceptando la custodia de la bandera.

A continuación se procedió por las fuerzas juveniles a la realización de un despliegue gimnástico, cuya nomenclatura deportiva ignoro, pero que hablando en términos militares podríamos llamar supuesto táctico y decir que consistía en impedir el ataque a Sevilla por aquel sector de un figurado enemigo que vadease el río. Este hecho, admirablemente concebido y ejecutado, trajo a mi memoria un combate real en Filipinas, el de Presa-Molinos (Cavite), por la segunda brigada de la división Lachambre, la del general Marina, a la que yo pertenecía, y sin duda el más brillante a la par que originalísimo de aquellas operaciones, el día 10 de Marzo de 1896. La semejanza resultaba casi exacta por el terreno y el despliegue de las fuerzas.

En Sevilla, aquella tarde fué inaugurado el Círculo Tradicionalista en la hermosa calle Armas, 6, ante un público de 5.000 correligionarios, los cuales fueron bendecidos y consagrados al Sagrado Corazón; y a continuación, y precediendo las notas del Oriamendi, empezó el mitin, en el cual, Arellano, Comín y Pradera entusiasmaron a la concurrencia con sus hermosos discursos, en los que prevaleció la nota carlista.

Ya lo dije al principio de estas líneas: el pasado domingo, 15 de abril, fue el día más feliz de mi vida.

 

Don Víctor Pradera, vocal del Tribunal de Garantías Constitucionales, ex-diputado a Cortes carlista, asesinado por los rojos en San Sebastián, en 1936, publicaba en “EL SIGLO FUTURO” de Madrid el 17 de Abril de 1934.

Exultación.

Cielo de color azul sevillano, día veraniego, la novia gentil del Príncipe que lleva el escudo de la piedad, la gracia y la alegría entrelazadas -como llamé a la capital andaluza en mi discurso-, se despojó de los crespones de luto con que se cubría desde que asesinaron a su amado, y se adornó con todas sus galas para recibir al Tradicionalismo. Ha presentido que este sistema doctrinal, nacido de la entraña española, es el único que tiene eficacia para resucitar a su Príncipe.

Estamos en el cortijo de Fuente Quintillo, propiedad de don Anastasio Martín, ejemplar auténtico de esa cortesanía que juzga un favor a la aceptación de lo generosamente ofrecido. A lo lejos la gran Sultana, a la que los vascos llevamos el bautismo, parece una labor de encaje sobre la sábana verde de los campos que se extienden ante nuestra vista.

De pronto resuena en mis oidos, con el mismo vigor y con el mismo aceleramiento en las palpitaciones de mi ser que si lo oyera en Vasconia, el himno marcial del Oriamendi. Allí están los requetés andaluces tocados con las boinas rojas de los míos. Una bellísima hija de Andalucía -Pilar Campo Rey, en representación de la noble dama, señora Baronesa de Sangarren-, sonrosadas las mejillas por la emoción y el calor, alta la peineta en su mata de pelo, encuadrado su rostro por la mantilla española, erguido el busto gallardamente, lee con ese dulce acento y esa musical entonación propios de los hijos del Sur, una alocución a aquellos, dirigida al hacerles entrega de la bandera. Al escuchar su lectura nos invade un estremecimiento, nuestra garganta se anuda y a nuestros ojos asoman las lágrimas. ¡Se habla de la gran España!… A continuación, una voz enérgica jura, a nombre de los alineados en saludo militar, hacerse dignos de su Patria.

Marcah marcial, ejército táctico, música, luz en el campo, sonrisas en los labios, alegría en el cielo, espíritus reconfortados, almuerzo campestre, becerrada. Y en Sevilla, a la vuelta, el mitin; atestado el local por gente que burló la ley física de la impenetrabilidad de los cuerpos para invocar a Dios, expresa su amor a la Patria y poner sus esperanzas en la Monarquía.

¡Gracias, Señor, que has querido endulzar la acidez del brebaje que nuestros labios están forzados a beber!

 

Don Miguel Martínez de Pinillos, diputado tradicionalista por Cádiz.

Fiesta de Cortijo

Primavera andaluza…, sol sevillano…, un prado inmenso sembrado de amapolas…, libélulas que lo cruzan raudas en todas direcciones… En el centro del prado, una sevillana rubia, como espiga de oro, sostiene una bandera cuyo mástil termina en una Cruz de plata que brilla con destellos luminosos.

Las amapolas forman grupos que avanzan, retroceden, se fraccionan…; las libélulas son de acero, y siguen los movimientos de las flores. Las anima el mismo espíritu. ¿Es un sueño? Es… España que se levanta a cerrar las puertas de las cárceles y los manicomios, que ha dejado abiertas la República.

 

Don José Luis Zamanillo, diputado a Cortes por Santander, Delegado Nacional de Requetés.

Una lección de Tradicionalismo

Los que fuimos aSevilla presumiendo de tradicionalistas, hemos tenido que aprender mucho de nuestros correligionarios andaluces. Lo primero de todo, tan importante hoy día: disciplina. Y otra cosa no menos importante: organización.

El “caso” de Sevilla, y en general el de toda Andalucía, es ejemplar. Claro es que allí hay un hombre que tiene categoría de maestro y de cudillo, que es Fal Conde, de cuyas excepcionales condiciones es imposible prescindir si nos queremos explicar el aparente milagro. Pero no hay que olvidar que Sevilla, la roja, es también la Sevilla del 10 de agosto, del general Sanjurjo.

El “caso” de Sevilla es el caso de todas partes, con preferencia de aquellas en las que se ha cebado más la persecución republicano-socialista, que aceptan con entusiasmo nuestros principios salvadores. Lo que, desgraciadamente para las demás regiones, no tiene parangón es el “caso” Fal Conde. ¿Cuántos tradicionalistas había en la capital andaluza hace tres años entre jaimistas e integristas? ¿Llegarían a diez? Probablemente no pasaran de veinte…

El “caso” de Sevilla merece admiración y que en otras regiones lo pretendamos imitar. El “caso” Fal Conde sólo merece admiración y, como mucho, gratitud y cariño.

 

Ignacio Romero Raizábal, celebrado escritor y poeta, publicó en “El Siglo Futuro” del 16 de Abril de 1934 las siguientes impresiones de un viaje.

Realidad hermosísima

Vinimos a Sevilla en avión para asistir a la inauguración del nuevo Círculo. ¡Buen principio de viaje! Los medios más modernos de locomoción al servicio del Tradicionalismo, como queriendo demostrar que el progreso material no está reñido con las viejas verdades. Entramos en Sevilla, por la tarde, por la puerta grande: por su purísimo cielo, gloria de estas benditas tierras, del que tomó Murillo sus azules para pintar los mantos de sus Inmaculadas.

Pero ¡Cuántas sorpresas agradables nos esperaban, sorpresas que no estaban al alcance de nuestra fantasía, ni de nuestro optimismo…! No imaginamos nunca que vendríamos a aprender a esta Sevilla roja lecciones de Tradicionalismo.

Hombres del Norte, orgullosos de la relativa proximidad geográfica de la leal Navarra, foco, Meca, Israel del carlismo, confesamos avergonzados y dichosos que había en nuestro espíritu algo de engolamiento y fanafarronería. ¡Bendito sea Dios, que ha querido penar nuestro pecado de orgullo con tan consoladora y grata penitencia!

La Hora Santa del sábado a la tarde, en el maravilloso templo del Salvador, constituyó nuestra primera sorpresa. Una agrupación política que reúne en un acto de tan severa religiosidad a tan gran número de personas, es algo más que un grupo de caballeros del ideal que mantiene la bandera de Dios Patria y Rey por un sometimiento de lealtad y de buen gusto espiritual. Es, a ojos vista, un coeficiente no despreciable de pujanza; es, cuando menos, demostración de que en Andalucía los diputados tradicionalistas sevillanos son diputados por derecho propio.

La misa de comunión del domingo confirmó la impresión anterior; pero cuando verdaderamente comenzamos a darnos cuenta de que estabamos ante algo inusitado, fué cuando llegamos al cortijo con la esperanza de presenciar una fiesta andaluza, dispuesto nuestro ánimo un poco en plan de pandereta, con la visita de la noche última por el embrujado barrio de Santa Cruz.

¡Fiesta andaluza de cortijo! Lo primero que toparon nuestros ojos atónitos, mientras dos aeroplanos evolucionaban sobre nuestras cabezas, fué más de 600 requetés en correcta formación, de tres en fondo, a lo largo del campo, perfectamente uniformados, con gloriosas boinas rojas que palpitaban como corazones, mientras la banda de música tocaba el Himno de Oriamendi. ¿Estábamos de verdad en Sevilla o éramos víctimas de una alucinación? ¿No estaríamos por ventura en Estella, corte de Carlos VII, por un milagro de la imaginación?

El acto de la tarde en el hermoso nuevo Círculo, que es posiblemente el mejor Centro Tradicionlista de toda España, fué, más que la coronación de estos festejos inolvidables, la demostración oficial de que no estábamos ante un fenómeno de espejismo, sino de que todo aquello era una realidad maciza y hermosísima.

Ni don Victor Pradera, ni Arellano en Navarra, ni Comín en Aragón, es posible que escucharan mayores ovaciones en sus días de verdaderas apoteosis.

Ya no es sólo Navarra la Israel del Carlismo. Ya hay otra Covadonga para los tradicionalistas que es Sevilla…, la roja, ¡la de los boinas rojas!

 

FABIO, seudónimo del doctor don Emilio Ruiz Muñoz, escritor y sociólogo, asesinado por los rojos en 1936, publicaba en “El Siglo Futuro” del 17 de Abril de 1934

Orillas del Betis.

Una ovación es poco; en una ovación romana no se inmola más que una oveja (ovis; de aquí ovación). Un triunfo, que era el máximo honor de los héroes de Roma, hemos de rendir, en cristiano, escritores y lectores (lo preguntamos, y oímos el rumor de un sí inmenso) a Fal Conde… Ese Zumalacárregui sevillano, que ayer acaudillaba sólo un piquete, y hoy, conquistando palmo a palmo tierra andaluza, sufriéndo cárceles, multas y persecuciones de toda laya, arrruinándose y jugándose la salud y la vida, congrega en actos como el del domingo en Sevilla 600 requetés, y pronto conquistaría para el Tradicionalismo la menos tradicionalista de las regiones españolas: Andalucía.

Un aplauso a esa gloriosa juventud tradicionalista, la de la boina roja. Otras juventudes cristians, pero no tradicionalistas, llevan en el bolsillo el gorro frigio para ponérselo en cuanto suene la señal en las alturas de la República. Los nuestros llevan la boina roja no en el bolsillo sino en la cabeza, como una corona de gloria y honor, que considera insustituible por el gorro frigio, poruqe entienden que el gorro frigio, que llevan dentro y fuera de las logias los incendiarios de conventos y los expulsores de Jesucristo, no sienta bien a la juventud de la raza española.

Constantino Magno puso la Cruz en la corona. Alguna elevada autoridad del adhesionismo quiere hacer de Constantino Magno al revés: quitar de la corona la Cruz. ¿Para ponerla en el gorro frigio mas hediendo que el que conoció el auténtico Constantino Magno? Según… Todo depende de lo que pida el “bien posible”, que nunca pedirá tanto.

Cuando esa elevada autoridad del adhesionismo se cale el gorro frigio, será la señal de que el toque se dió ya en las alturas republicanas, y entonces saldrán de los bolsillos para trasladarse a las cabezas de todos los gorros frigios… con Cruz o sin ella. Para las boinas rojas el gorro frigio seguirá siendo lo que fué siempre: su más implacable enemigo. Un aplauso a esas juventudes que acabarán con estas decrépitas gerontocracias, revolucionarias y adhesionistas, donde está el odio y la ponzoña que acabarían corrompiendo y exterminando el depósito de la Tradición, si no lo custodiaran esas juventudes encargadas de transmitirlas a las generaciones que las sucedan.

Requetés en el Centro Tradicionalista de Sevilla, recién inaugurado, tras el acto en la finca de Quintillo. En el centro de la imagen, el Comandante Redondo

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