La Columna Redondo

Para darse cuenta de lo que hicieron los requetés andaluces en la Guerra del 36-39 habrá que coger el hilo de las operaciones de los núcleos principales, que fueron los que constituyeron la llamada Columna del Comandante Redondo. En un principio, esta columna estaba constituida por unos cuatrocientos requetés como fuerza de choque, otras fuerzas de infantería, caballería a pie, Guardia Civil, dos baterías de artillería e ingenieros. Era segundo jefe de la columna el comandante de la Guardia Civil don Luis Garrigós. El mando directo del requeté lo tenía capitán García de Paredes, y entre los oficiales iban los capitanes marqués de Marchelina, Enrique Barrau, Pepe León, Ángel Prados, el teniente Cotro, etc.

El ambiente de aquellos requetés fue magnífico. Salieron a operar en la provincia de Huelva, y en Higuera de la Sierra unió el jefe de la Comunión Tradicionalista don Manuel Fal Conde, que les acompañó en la liberación de Aracena.

Los requetés sacaron desde el primer momento la bandera bicolor, que no fue restablecida oficialmente en Sevilla hasta el 15 de agosto, festividad de la Virgen de Reyes, día en que fue izada la auténtica bandera española en el balcón central del Ayuntamiento.

La columna fue creciendo rápidamente. Se fueron incorporando a ella los Tercios de las distintas provincias, y llegó a tener incluso banda de música.

Después de Aracena fueron ocupados otros muchos pueblos, y de allí se continuó a la cuenca misma de Riotinto. La Columna Redondo ocupó Campofrío, Riotinto, El Campillo, Aroche, El Rosal de la Frontera, etc., en combinación con otras columnas como la del general Varela, que ocupó Zalamea, y la del comandante Alvarez Rementería, que ocupó Nerva. Con Varela iba en aquellas fechas el Tercio de Nuestra Señora del Rocío, de Huelva. El 30 de agosto, la Columna Redondo regresó triunfalmente a Sevilla, y del 6 al 16 de septiembre, en que ayudó a tomar Ronda, operó con gran brillantez por aquella serranía, ocupando muchos pueblos. De allí se regresó de nuevo a Sevilla, donde el comandante Redondo, el 29 de septiembre, pudo realizar sus deseos de consagrar el Tercio sevillano a la Virgen de los Reyes, cuyo nombre llevaba. El Tercio, con bandera y música, desfiló por las principales calles de la ciudad y formado en la plaza del Palacio Arzobispal, recibió del cardenal Segura la bendición y el aliento para seguir luchando en la Cruzada y reconquistar España para Jesucristo. Después, siempre formados, entró en la Catedral, y allí veneraron la imagen de la Virgen y los restos del Rey San Fernando, conquistador de Sevilla. mocionante el acto en que el comandante Redondo consagró los requetés de la Andalucía occidental, primero al Sagrado Corazón de Jesús y después a la Santísima Virgen. El padre Copado, en su tan interesante libro, nos transcribe lo que dijo el Comandante. Lo reproducimos por creerlo de mucho interés para la historia del requeté:

«Acto de consagración al Corazón Sacratísimo de Jesús, del requeté de la Andalucía occidental»

¡Oh Corazón Sacratísimo de Jesús! Ante la Augusta presencia de Nuestra Señora de los Reyes, y en su bendita capilla, donde se custodia el cuerpo del glorioso Rey San Fernando, todos los requetés de la Andalucía occidental se consagran, enteramente a Vos y os prometen eterna fidelidad.

»Os damos gracias, Señor, porque nos habéis llamado a formar parte de este ejército tradicionalista que defiende con las armas, como las antiguas Órdenes Militares, los más altos ideales de nuestra religión y de nuestra historia.

  »Por eso nos llegamos a Vos, para que nos otorguéis ser siempre fieles a nuestro lema, cumpliendo las altas obligaciones que él contiene y abrazando todos los sacrificios que él impone.

»Defenderemos vuestros derechos, oh Corazón Sacratísimo, hasta derramar, si fuere preciso, la última gota de nuestra sangre, sin otra aspiración que la de lograr definitivamente vuestro reinado y restablecer vuestro trono, del que la turba infernal y masónica ha intentado arrojaros.

 »Por eso queremos ver vuestro corazón en nuestra bandera, por eso ostentamos vuestro Corazón sobre nuestro pecho, por eso llevamos vuestro Corazón en lo más hondo del nuestro.  

 »Que vuestros requetés os sean siempre fieles: que nunca se cuente entre ellos ningún Judas traidor.

»Vuestra Madre Inmaculada, a la que con igual afecto nos consagramos sea la Reina y Señora de vuestros soldados que en Ella tienen puesto su amor y su confianza. Que ella nos guíe en nuestras empresas, nos defienda en los peligros y nos conceda la victoria.

»Sean testigos de esta consagración los santos españoles que ennoblecieron nuestro suelo con sus virtudes, y el glorioso Arcángel San Miguel, cuya fiesta hoy celebramos, quien al pelear contra Lucifer lanzó aquel grito de guerra: “¿Quién como Dios?”, que todos los requetés hacen suyos y repiten con ardor: ¡Dios ‘sobre todo! el Corazón de Jesús, absoluto Dueño y Señor de nuestra España. ¡Viva Cristo Rey! A Él sea honra y gloria por los siglos de los siglos. Amén.»

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Al día siguiente, 30 de septiembre, los requetés estaban otra vez camino del frente. Vinieron ahora los duros combates de El Vacar, Villanueva, Villaharta, etc., en la provincia de Córdoba, donde con los requetés andaluces se cubrió de gloria el requeté de Cáceres. El padre Copado nos cuenta un bello episodio que no queremos dejar en el olvido:

“El Requeté llegó hasta las proximidades de Villaviciosa y sostuvo un combate empeñadísimo con las fuerzas enemigas que se habían concentrado en aquel pueblo, que era una posición estratégica extraordinaria. El Señor quiso enviarles una prueba muy dura: la aviación enemiga les mató a cuatro muchachos del requeté, y también les quiso hacer patente su providencia y protección. Un Requeté completo, es decir, ciento ochenta hombres, estaban en una loma cubierta de rastrojo sin protección ninguna de arboleda: se .presentaron seis aviones, comenzaron a arrojar bombas incendiarias. las cuales prendieron en el rastrojo, y rodearon el sitio donde estaban los requetés de un cerco de fuego para que no pudieran huir. Cuando los tenían cercados de esta suerte por el fuego, dejaron caer unas cincuenta bombas: terminada esta faena de los bombarderos, bajaron los tres aparatos de caza y abrieron contra el indefenso Requeté fuego de ametralladora: hicieron todo lo que humanamente se puede hacer para que no hubiera quedado ni uno, y con todo, no recibieron ni unsólo rasguño de metralla. Momentos después comenzó a llover: el fuego se apagó y se vieron libres”.

Los requetés del comandante Redondo iban entonces a las órdenes del coronel Sáenz de Buruaga, y su actuación sirvió para que en cooperación con la Columna de Gómez Cobián, que operaba por Fuenteovejuna, se ocupara Penarroya-Pueblo Nuevo.

En la primera decena de diciembre de este año de 193ó, se concentraron en Córdoba varias unidades de requetés que en número de más de 3.000 iban a operar juntos. Allí se hallaban el Tercio de Nuestra Señora de la Merced, de Jerez; el Tercio de Isabel La Católica, de Granada; el Tercio de Nuestra Señora de los Reyes, de Sevilla; el Tercio de la Virgen del Rocío, de Huelva, y el Escuadrón de Caballería de Borgoña. Constituían una poderosa fuerza de voluntarios. Forman columna con un tabor de Regulares, un bata1lón de infantería. un grupo de escuadrones de . Caballería, al mando del comandante Lopez de Letona, y cinco baterías, que se apodera de varios pueblos de la campiña cordobesa: Cañete de las Torres, Bujalance, El Carpio, Pedro Abad, etc.

El día 24 de diciembre, al ocupar unas lomas que dominan el pueblo de Villa del Río, entre este pueblo y Montoro, se tiene el primer choque con las Brigadas Internacionales. Es un episodio magnífico, en el cual el requeté andaluz se cubrió de gloria. Entre la columna que mandaba Redondo y la que conducía Perez de Guzmán fue cogida en medio la columna roja que enviaba el general Martínez Monje para recuperar Bujalance. Con los requetés intervinieron valientemente el Bata1lón de Voluntarios de Cádiz, un Tabor de Regular.es de Ceuta, varias unidades de caballería, entre las cuales destacó el Escuadrón de Policía Montada, artillería, etc. Más de 300 cadáveres rojos quedaron en el campo, hicieron gran número de prisioneros y se cogió mucho material.

Allí fue deshecha la 14ª Brigada Internacional, formada pocos días antes, y que se componía de cuatro batallones de cerca de 700 hombres cada uno, una batería de 115, medio escuadrón de caballería, y servicios, al mando del general Walter, antiguo profesor de la Academia Militar de Moscú. Un documento rojo ha quedado de este episodio, el libro del capitán de caballería Nick Gillain, editado por-la Editorial Tánger en 1939. Este desastre fue el que motivó el fusilamiento del comandante rojo Delasalle, del que se trató en la Cámara francesa como acusación contra André Marty, diputado comunista francés.

Como anécdota, se cuenta que el comisario carlista Cano López, que acompañaba a unos requetés en Montoro, se encontró en las calles con un grupo de soldados extranjeros que les saludaban al grito de «camagadas» y alzando los puños. Cano les increpó tildándolos de fascistas, y con esta añagaza, mientras ellos se disculpaban, consiguió detenerlos.

Después del encuentro con las brigadas internacionales siguieron ocupando pueblos y mas pueblos, y el 27 de diciembre empezaron días de terribles ataques rojos contra el pueblo de Lopera, acabado de ocupar, que está en una hondonada dominada por todas partes Por el enemigo, que no deja moverse a las fuerzas que lo guarnecen. Para librar a Lopera de este peligro sólo hay una solución, y es atacar y conquistar el pueblo de Porcuna, que es la clave de todas las posiciones dominantes. Y el Requeté no encuentra imposible aquello, pese a todas las dificultades que esto representa. Más de 30 muertos han tenido sólo las distintas unidades de requetés andaluces, que fueron propuestos para la Medalla Militar colectiva por esta operación. Las otras unidades de la columna tuvieron muchas bajas también.

Como caso curioso hay que contar que en esa operación cayó valientemente el requeté del Tercio de Nuestra Señora de los Reyes, Severiano Arregui Olarquivil, de ó2 años de edad, navarro, que fue sorprendido por el Alzamiento en Algeciras, en cuya Comandancia Militar fueron rechazados sus servicios por la edad, que no podía. ocultar. Fue admitido por fin en el Requeté de Sevilla y con ellos lucho y murió.

El Padre Copado, S. J., testigo presencial de aquella acción, nos cuenta:

«Mientras se me lograba un enlace para Lopera, estuve visitando a los heridos en el Hospital Militar, y me confirmo en lo que he dicho, de que la Columna Redondo es la “columna del milagro”.

»La toma de Lopera y su defensa durante la noche de la ocupación y al día siguiente, rechazando los formidables ataques del enemigo, formarán pagina singular en la historia de esta guerra. Han sido combates durísimos, lo mismo por el fuego artillero, que por los encuentros cuerpo a cuerpo de las otras armas, especialmente la infantería. Para nuestros requetés, las jornadas de Lopera tienen honores de reválida probatoria de la excelencia de los boinas como tropa de choque.

»Han derramado mucha sangre, y esto exalta la calidad de la victoria; y por la entereza, entusiasmo, temple y osada porfía con que han defendido la Santa Causa que los lleva al campo han merecido, una vez más, la protección del Cielo.»

No podemos tampoco dejar de transcribir una crónica de La Unión, de Sevilla, que describía una misa de campaña en Porcuna:

«A la gran plaza-paseo de Porcuna va llegando la gente, vestida con lo mejorcito del arcón. También vienen las tropas con lo peorcito, que es lo único que les queda después de haberse arrastrado, pegando tiros, de loma en loma, de trinchera en trinchera, para reconquistar once pueblos en jornadas consecutivas. Se va a celebrar la primera misa después de la liberación. Agrúpanse hombres, mujeres y niños junto al tabladillo de la música, donde se eleva el altar.

»El cornetín marca los momentos destacables de la augusta ceremonia: Introito, Evangelio, Sanctus, Elevación… Los oyentes se arrodillan o se ponen en pie, embargados de místico recogimiento. Salpica la luz matinal sobre el cuadro, resbalando por el ya escaso follaje de los arboles, y como veladura, como patina que da ambiente a la escena, se hace denso un espíritu común, un sentimiento de solidaridad entre salvadores y salvados, que sella con divino amor el disco inmaculado de la Hostia.

»Mientras discurre la misa, se acerca a la barandilla el Capellán del Tercio de la Virgen de los Reyes. Habla de la heroica gesta del Ejército del Sur realizada aquellos días. “Después del camino de espinas recorrido, una efemérides de relieve nos conforta. Hemos entrado en Porcuna con el nuevo año, en la fiesta en que Cristo, cuya gloria buscamos, derramó su primera sangre; primeras gotas que se habían de convertir en raudales en la cumbre del Calvario y en lo alto de la cruz. El Ejército y los soldados de la Tradición, los Requetés, al subir por esos olivares han sentido abiertas sus venas, y la sangre ha esmaltado las veredas. ¿Qué busca España, qué persigue el Ejército? Llevar a todas partes la obra de Jesucristo: paz, amor y justicia. El día del triunfo esta cerca. Da pena ver los pueblos deshabitados, las casas en ruinas, las familias que siguen su agonía de pueblo en pueblo, llevadas y arrastradas par la imposición y la amenaza. Pero es indiscutible que no hay Redención sin dolor. Por otra parte, en esta primera Dominica del año conmemoramos la imposición del nombre de Jesús al Niño nacido en Belén. Jesús quiere decir salvación, alegría, horizonte iluminado. También vosotros, Ejército y Boinas Rojas, sois salvadores de España, y estáis consiguiendo can vuestra sangre este sublime titulo que será la mejor ejecutoria de vuestra vida. España iba a la ruina par haber vuelto las espaldas a Jesucristo, y vosotros habéis venido a resucitar la tradición de España, que habían llenado de lacras horribles los enemigos de la Religión. Dad gracias a Dios por las penalidades que habéis sufrido, porque can ellas estáis labrando el día del triunfo, que será cuando España os bendiga y os bese en la frente al sentirse recobrada, vuelta a su ser, a nuevos días de salud y de prestigio, paseando reina y señora por los florecidos campos de la tradición.” Hasta aquí las ideas expuestas por el capellán del requeté de Sevilla.

El pueblo vibra de patriotismo y gime con la ternura de una encendida fe. Se grita: “i Viva Cristo Rey!”, “i Viva el Corazón de Jesús”, “¡Viva España!”, “¡Viva el Ejército!”, “¡Vivan los Requetés!”, y los aplausos y la Marcha Real son escalas para ascender hasta el Himno Eucarístico, cantado por millares de voces: cantado, cuando no llorado, porque quien con su alegría, quien con su dolor, todos, a falta de flores, riegan con lagrimas la franja de tierra por donde las tropas van a desfilar.

»Recia estampa de guerra. Pasan los artilleros de alta estatura: con sus mosquetones pasan los ingenieros: la Policía Montada con sus chambergos, reminiscencia de Flandes o de Bailen. Y pasan los requetés, con las camisas destrozadas, con roturas los briches, el calzado y la ropa interior; arrugados los capotes o los tabardos, de tanto arrastrarlos por el suelo; barbudos, melenudos, tostados, ennegrecidos por el aire serrano. Primera misa dominical en Porcuna después de la recuperación. Fiesta del Nombre de Jesus, Salvador: júbilo, y vítores. Religión, Patria y Marcha Real.

»Recia estampa del desfile: el sacrificio y el heroísmo andando entre redobles. Fe activa y combativa. Pasa una paloma atolondrada por el ruido. ¿Viene o va hacia el olivar? No lleva ramos en el pico. La borrasca continúa y continuará mientras la fe laxa de las ciudades no vibre con el ritmo de más cálida acción. Como el, área del Diluvio, el pueblo esta posado sobre el monte. En la inmensa llanura ganada, todo está en calma. Con la ayuda de Dios, los soldados creyentes llevaran a más lejanos lugares el bien de la paz.»

Combate de Villanueva del Duque. – Combate de Peñarroya. – Una orden del teniente coronel Redondo. – Queipo de Llano habla de los requetés.

Ya es el mes de marzo de 1937. Los Tercios de la Virgen del Rocío y Nuestra Señora de la Merced acuden a defender Villanueva del Duque, que es duramente atacada por los rojos. Durante diez días defendieron los requetés unas lomas rocosas cercanas al pueblo, soportando, sin apenas parapetos ni trincheras, los bombardeos de la aviación y el fuego de la artillería enemiga y rechazando enérgicos ataques de la infantería. Tuvieron muchas bajas, pero no cedieron ni ‘un palmo de terreno, y fueron felicitados por el Mando, especialmente por la protección que hicieron en los momentos de la evacuación de las posiciones.

En los días que van del 31′ de mayo al 8 de abril, los requetés de Huelva y Jerez repitieron sus hazañas en el sector de Penarroya, defendiendo unas alturas de la Sierra que dominan el Valle de los Pedroches. Cuando fueron relevados, el teniente coronel Álvarez Rementería, que mandaba aquel sector, quiso felicitarlos.

«Era de ver en el mediodía, ya ardoroso y primero de esta primavera gentil que encabeza nuestra era nueva y grande -nos cuenta el padre Barbera, Capellán del Tercio de la Virgen del Rocío-; era de ver, digo, a las fuerzas, acabadas de llegar de las alturas, donde tanta sangre se ha derramado; muchachos barbudos, sucios, rotos, demostrando el agotamiento físico.

»A pesar de esto, a la voz del capitán de requetés de la Merced, Oca, se ponen en formación correcta, caladas las boinas, como una antigua estampa, dignos de un pincel maestro. Al frente, Perez de Guzmán, rígido también, serio y muy grave, con la seriedad .propia de los sublimes momentos.»

El teniente coronel les habló así:

«Requetés, desde hace muchos días he querido saludaros, pero las circunstancias no me lo han permitido. Cerca de cuarenta días habéis estado muy cerca de mí, colaborando de una manera especial a resistir el empuje de nuestros comunes enemigos. Queréis como yo, estáis haciendo ya la España una y grande con que yo y todos vosotros habéis sonado. Sois, Requetés Tradicionalistas, caballeros soldados, la más genuina representación del heroísmo y la más firme esperanza de España. No os quedareis sin recompensa.»

Y esto dicho, el señor Álvarez Rementería abrazó fraternalmente al comandante Perez de Guzmán, diciendo: «Va un abrazo y con el abrazo a todos y a cada uno de sus subordinados.»

El teniente coronel Álvarez Rementería envió, con fecha 22 de marzo, desde Villanueva del Duque, al teniente coronel Redondo, jefe de todos los Requetés de Andalucía el siguiente oficio: .

«Tengo el honor y me es grato dirigirme a V.S. para poner en su conocimiento el brillantísimo comportamiento del Tercio de Requetés que manda el comandante don Pedro Perez de Guzmán. Este requeté se distinguió los días 12, 13, 14 y 15. En que resistió sin ceder un palmo de terreno, el continuo empuje de un enemigo más de tres veces superior en número, dotado de mucha artillería y perfectamente armado.

»Hago resaltar la moral excelente de toda la oficialidad, y muy en particular la actitud de su Comandante” que con la mayor serenidad supo tomar en cada momento, y en medio del intensísimo fuego enemigo, las medidas más oportunas para la defensa del sector que tenia encomendado. .

»Lo que le comunico para satisfacción de V. S. y de los interesados, que tan alto han sabido poner el buen nombre del Requeté. Dios guarde a V. S. muchos años. El Teniente Coronel de la Columna. Alvarez Rementería»

El teniente coronel Redondo, apoyándose en ese escrito, publicó la siguiente orden general para todos los requetés andaluces:

«Requetés andaluces: Del jefe de la columna que opera en Villanueva del Duque, teniente coronel Álvarez Rementería, he recibido un oficio laudatorio del comportamiento, tan brillante como heroico, de los Tercios de la Virgen de la Merced y de la Virgen del Rocío en los combates duros y sangrientos sostenidos con los rojos, a los que derrotaron, no obstante ser ellos en numero tres o cuatro veces superior.

Resalta dicho Jefe de Columna, también la conducta ejemplar del comandante Perez•Guzmán, bajo cuya dirección han operado los Requetés; con gran serenidad y valor los ha conducido al triunfo.

»¡Requetés!, al poner en vuestro conocimiento estos hechos gloriosos de vuestros hermanos de mi Columna de Requetés, 10 hago para satisfacción de todos, y al mismo tiempo para felicitar a ese jefe, comandante Perez de Guzmán, y a los bravos requetés de esos Tercios que tan alto han puesto el prestigio de nuestra institución Carlista como fuerzas de choque, que en todos los instantes, y a las órdenes del glorioso Ejercito español, se baten defendiendo los sacrosantos ideales de nuestra Tradición.

»Al mismo tiempo doy gracias a Dios Nuestro Señor por la protección que nos dispensa en todos los instantes, permitiendo que los Requetés cumplan como soldados de Cristo Rey, con¬quistando laureles de gloria que su divina gracia derrama, en general, sobre este Ejercito salvador, defensor de la Fe y de la Patria. ¡Requetés! (…) saludemos con emoción esa gloriosa bandera con los vítores reglamentarios en el Requeté:

¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España!• ¡Viva el Rey!

Vuestro Jefe, Luis Redondo.»

 

Y el general Queipo de Llano, jefe de los Ejércitos del Sur, dedicó a los requetés, en su charla radiada del día 10 de abril, las siguientes palabras:

«Esta tarde, Radio Valencia decía y repetía que en el sector de Penarroya han copado a todo el Requeté, haciendo prisionero al teniente coronel Redondo. Para demostrar la mentira, baste decir que Redondo y el Requeté están en Lopera. Sólo un corto numero de Boinas Rojas se hallan en el sector de Penarroya, y se han batido con un valor tan grande y con un espíritu tan extraordinario, que su actuación ha producido enorme destrozo en las filas marxistas, gracias, sobre todo, a su tranquilidad y estoicismo.

»La artillería roja, uno de cuyos capitanes fue expulsado de Córdoba por sinvergüenza, y del Ejército por ladrón, concentró sus fuegos en una posición que defendía un punado de requetés. Durante bastante tiempo, los proyectiles de cañón y aviación cayeron sobre ella. Y cuando ya creían seguro el triunfo, avanzaron los rojos rápidamente, para ocupar la loma, sintiéndose cada paso más seguros, pues de la posición no salía ni un tiro.

»Así, cuando estuvieron a trescientos metros, a doscientos cincuenta, a doscientos, y cuando ya estaban cerca, los Requetés, que habían permanecido ocultos y callados, abrieron un fuego de tan espantosa violencia, que en las laderas se dejaron los marxistas más de trescientos cadáveres, y el requeté quedó dueño de la posición. ¡Hermoso acto que será justamente recompensado como se merece!

»De este hecho tan brillante sacan los marxistas que han copado al Requeté y detenido al dignísimo teniente coronel Redondo; pero este jefe esta en Lopera dispuesto a dar todavía muchos días de gloria al requeté y a España.»

Nuevos combates. – Defensa de Lopera. – Combates de Mano de Hierro. – Felicitación del general Solans, jefe del Cuerpo de Ejército II. – La ofensiva en enero de 1939. – Juicio sobre los requetés andaluces.

En el verano de 1937, los rojos atacan en el sector de Villafranca de Córdoba y consiguen apoderarse de las posiciones .de Casilla del Aire y Casilla del Tabaco, que después fueron recuperadas en audaz golpe de mano por medio centenar de requetés seleccionados y bien provistos de granadas de mano, que se acercaron arrastrándose aprovechando la obscuridad hasta las mismas alambradas.

Muy bonito fue el episodio del ataque rojo por sorpresa a Lopera, el 12 de agosto de 1937, que los requetés supieron atajar rápidamente. Los enemigos consiguieron infiltrarse entre dos posiciones nacionales, entraron en el pueblo y ocuparon puntos dominantes, donde colocaron sus ametralladoras. En el pueblo descansaban, libres de servicio de parapetos los requetés cordobeses del Tercio de San Rafael. Advertidos de la infiltración reaccionan rápidamente y unos se hicieron fuertes en las casas, mientras otros luchaban en las calles y otros acudían a reforzar las posiciones desbordadas, envueltas, y en peligro de ser at atacadas por la espalda. Menos mal que el Tercio de Nuestra Señora de los Reyes, que estaba en Bujalance, pudo acudir en refuerzo y resolver la situación. Los rojos intentaron replegarse, pero se encontraron con el portillo par donde se habían infiltrado batido por los requetés y dejaron ciento cincuenta muertos y mucho armamento.

Cuando al coronel Redondo se le da el mando de la 22ª División, en noviembre de 1931, consigue mantener a sus órdenes a los Tercios de Nuestra Señora de los Reyes, Nuestra Señora de la Merced, San Rafael y Virgen del Rocío, estos dos últimos formando ya un solo batallón. Es en el mes de marzo siguiente, cuando los requetés de esta División realizan aquella célebre proeza del asalto a la posición llamada «Mano de Hierro», confundidos casi entre los disparos de artillería, y que después defienden heroicamente de los contraataques rojos. Allí mueren muchos requetés y pierde una pierna el comandante marqués de Marchelina, que mandaba el tercio sevillano.

Estos tres Tercios de requetés son separados por la superioridad, que envía al Tercio de la Virgen de los Reyes, a la 60 División. En su nueva unidad tiene ocasión de confirmar su alta calidad en la acción de Zarzacapilla, donde su actuación fue brillantísima. En misión de reconocimiento, dificilísima par la superioridad en terreno y medios de los rojos, este Tercio sufrió 400 bajas de tropa y 24 oficiales, de 28 que tenía, batiéndose en un orden admirable de disciplina y heroísmo. El día 7 de enero, ante la gran ofensiva roja, recupera Sierra Tejonera en un brioso ataque a la bayoneta, y después defiende la posición hasta el día 13, en que terminan los contraataques. Esta heroica actuación vale la Medalla Militar individual al comandante Benítez Tatay, que lo manda, y la colectiva al Tercio.

El Tercio de San Rafael va a parar a la 122 División, y con ella toma parte en las operaciones de Cabeza de Buey. Defiende heroicamente la loma del Arbolito en el camino de Sierra Mangada y sufre hasta 120 bajas.

Los combates del invierno son muy duros en Extremadura. Y los requetés, con su espíritu insuperable, según todos reconocen, toman aquello poco menos que a broma. Cada contraataque se rechaza al par que caen ráfagas de ametralladoras y granadas de mano, con canciones y con risas. Hasta la banda del Requeté andaluz, ya famosa en aquellos frentes, llegó a dar un concierto en una de las posiciones mientras los rojos atacaban. El día 13, que fue el último de la ofensiva roja, se tocaron himnos y la Marcha Real, que los requetés y las demás fuerzas que guarnecían aquella parte del frente coreaban y jaleaban. Aquella jornada fue decisiva, y los rojos, muy desgastados ya, no volvieron a insistir.

En fin de cuentas, en los frentes del Sur, aparte de los requetés granadinos que cubrieron el frente inmediato a su ciudad, Tercio de la Virgen de las Angustias, la mayor parte de los boinas rojas formaron en la Columna Redondo, todos ellos cuentan con dos medallas militares colectivas como premio a su actuación ejemplar. De ellos Schneider dijo: «En su día le pusimos a las huestes de Redondo el mote de “la Columna tragapueblos”. También dijimos que era “la Columna del milagro”, porque la hemos visto moverse en medio de auspicios prodigiosos. Si tal es su espíritu, conviene que no lo pierda. Más grande o más pequeña, que sea siempre lo que ha sido: una unión de creyentes•a los cuales mueve, como primer estimulo, impulsos de orden sobrenatural. Así no había de faltarles la protección de Dios.»

O como se decía en el periódico La Unión: «La etapa final de la campaña acusa en el Requeté Andaluz las mismas cualidades que supieron infundirles sus organizadores e instructores, “solera” militar -es frase del general Queipo de Llano-, formación religiosa y patriótica, o, lo que es lo mismo, española: valor hasta la temeridad, disciplina y espíritu de sacrificio.

»Aquel grupo de muchachos, casi niños, que el comandante Redondo llevaba de instrucción, a pretexto de entrenamientos gimnásticos, en los aciagos días de la Republica, han sido como las vertebras de este Requeté Andaluz, valiente hasta lo indecible, fuerza de choque y plantel de oficiales pundonorosísimos repartidos hoy en las más combativas unidades de nuestro Ejercito.»